Espíritu
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El concepto de espíritu es fundamental al Espiritismo y a suya adecuada comprensión y utilización como herramienta para el crecimiento personal y social. No hay por tanto, condiciones de se utilizar ideas a respecto del espíritu que, a pesar de ser parte del censo común, están distantes de la realidad. El objetivo es promover una interpretación que liberte.

Con frecuencia, las personas relacionan la idea de espíritu a la muerte, pero, para la Doctrina espirita, el espíritu no esta asociado a dolor, tristeza o a lagrimas. En realidad, con el entendimiento de que es espíritu, la muerte deja de significar la extinción del ser, la barrera intransponible, desapareciendo en la afirmación de la unidad entre el material y el espiritual.

Para el Espiritismo, el espíritu no es el fantasma o la ASOMBRACIÓN . El espíritu no arrastra corrientes, no agita cortinas, no bate puertas, no veste sábanas. No hace gemidos o grita en la noche. El no es etéreo, vaporoso o indefinido. No es un ángel del cielo. No se encuentra en el más allá, en penumbra, en el vacío, en el oscuro, en la noche o en el frío.

El espíritu no se hace sentir a través de un calofrío, ARREPIO , calor o hormigueamiento. Él no puja, ni repuja o se entorna. No está ni arriba, ni está atrás o sobre los hombros. No se acosta, tampoco incorpora. No cuchichea y no susurra en el oído.

Para la Doctrina, el espíritu no obsedía a nadie, no regresa para vengarse, no atormenta, no hace con que las cosas terminen erradas. No acepta ‘trabajos' o ‘despachos', no acepta ofrendas, sobornos, chantajes o sacrificios. No es comandado por rituales. El espíritu no resuelve los problemas de los otros y no determina lo que las personas deben hacer.

El espíritu desencarnado no es poderoso. No se preocupa en proteger nadie en especial. No comanda fuerzas sobrenaturales. No dispone de recursos mágicos. No adivina el futuro. El espíritu conoce apenas en la medida de suyas experiencias, vivencias, convivencias. Sus errores y aciertos, el resultado de suyas acciones, son decurrentes de sus conocimientos.

El imaginario de las personas confiere a los espíritus desencarnados en aserie de características que no son de ellos, pero de la fantasía de la cultura material. Refloten los mitos, los miedos, las angustias, las expectativas, las dificultades con la muerte física y con el significado de la vida. El la visión centrada en si mismo, el polisitema material cría la ilusión de que los espíritus desencarnados están a suya vuelta, girando en torno de suyos intereses, problemas, angustias y dificultades.

Para el espiritismo, los espíritus desencarnados no están a disposición de las personas y suyas actividades no se desenvuelven particularmente en torno del polisistema material. La actuación de los espíritus desencarnados junto al polisistema material, cuando ocurre, se hace con significado, un objetivo, dentro de una ética, que orientan a la interacción entre el polisitema material y el polisistema espiritual.